Oteando desde Getxo

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El Abra, Getxo, Las Arenas

lunes, octubre 11, 2010

Huesca, Alquézar, Loarre, Ainsa...

A principios de Octubre mi mujer Margarita y yo decidimos tomar unos días de vacaciones y visitar parte de la provincia de Huesca que, a pesar de estar tan cerca, sólo conocíamos de paso. Fuimos desde Getxo hacia la capital Huesca por la carretera de Pamplona y tomando en Puente la Reina la carretera secundaria A-132 que, aunque quizás pueda  aumentar algo el tiempo de viaje, por su trazado curvilíneo, nos permitió apreciar
la magnífica vista de los Mallos de Riglos, impresionantes formaciones montañosas, de gran belleza, cerca del embalse de la Peña y del monasterio de Santa María de la Peña.



Después de pasar por Ayerbe, con el castillo de Loarre cerca, llegamos a Huesca justo a la hora de comer.

Huesca capital

La tarde la dedicamos a pasear y visitar la capital, empezando por la Oficina de Turismo, donde además de información nos dieron un carné Turista, que permite un descuento del 5% en los establecimientos adheridos, como nuestro hotel Abba Huesca. No es mucho pero se agradece.


La catedral oscense es sencilla, de reducidas dimensiones, estilo gótico entre los siglos XIII y XVI, no tiene el clásico coro con sillerías y el órgano está situado a un costado del altar mayor, pero tiene un retablo de alabastro realmente bello e impresionante. No pudimos ver con detalle este templo porque, en el momento de nuestra visita, se celebraba una misa mayor (era la festividad de S. Francisco de Asís) concelebrada por el obispo y hasta un total de 20 curas, para una asistencia de unos 25 fieles. Algo nunca visto.



Muy cerca de la catedral está el monasterio de San Pedro el Viejo, románico del siglo XII, construido sobre una anterior iglesia mozárabe, bastante deteriorado, con un gran torreón cuadrado adyacente, y unos curiosos coro y órgano. No pudimos ver el claustro


Un poco más abajo visitamos la iglesia de San Lorenzo construida a lo largo del siglo XVII sobre una primitiva iglesia gótica –hacia 1300- dedicada ya a San Lorenzo. El primitivo templo se ubicó en uno de los barrios fuera de la muralla de la ciudad medieval. No tiene un atractivo especial para el turista.

Alquézar

Teníamos auténticos deseos de visitar este pueblo, que figura en todas las guías de turismo de la zona, y verdaderamente no nos defraudó. Es una verdadera joya de arquitectura medieval, de una gran belleza y evocador encanto. Se comprende que la villa de Alquézar esté considerada como Conjunto Histórico Artístico, situada entre los profundos barrancos de la Sierra de Guara, excavados por las aguas del río Vero.


A la entrada, unos carteles de aviso te desvían a una zona de aparcamiento donde dejamos el coche... y nos dimos cuenta que estábamos muy lejos del centro y concretamente del castillo / colegiata, por lo que tomamos la escasamente cívica decisión de volver a coger el coche y meternos por el casco antiguo. Bellísimo, pero al cabo de un rato creímos que nos quedábamos atrapados en las increiblemente estrechas callejas, donde a duras penas logramos avanzar, replegando los dos espejos laterales, y guiando yo a pie el camino, conduciendo Marga, y aún así rozando el costado en una esquina. Finalmente llegamos al castillo y aparcamos. Afortunadamente, luego descubrimos que existía otro camino más transitable para volver. Caminante, no vayas al castillo de Alquézar en coche; apárcalo antes y camina.

Llegamos a la puerta del castillo, que estaba cerrada. Nadie a la vista. Llamamos y al cabo de un rato contestó una voz: ¡Ya voy!. Era el guía/vigilante, hombre de gran simpatía, que nos enseñó con detalle y mucha información el claustro (de planta triangular), la iglesia, la sacristía, varias salas, zonas exteriores...Todo para nosotros dos solos. Fue un privilegio poder ver este monumento en total soledad, lo que aumenta enormemente el placer de la visita, tan distante de esas aglomeraciones de turistas que suelen arruinar el encanto del más bello de los lugares.

El castillo musulmán de Alquézar fue construido en el siglo IX por Jalaf Ibn Arad. En 893 perteneció a un señor musulmán: Ban Qasi de Tudela. Su reconquista fue llevada a cabo en 1067 por Sancho Ramírez, quien mandó construir la capilla real de Santa María.


En el claustro se conserva en bastante buen estado una amplia colección de frescos de motivos religiosos, como se aprecia en las fotos adjuntas.

Después visitamos la iglesia de San Miguel, de complicada historia, que por dificultades económicas fue construida por maestros de obras locales, lo que se tradujo en una diversidad de estilos, a veces independientes de los normales en la época.

Con cierta pena nos alejamos de este bello pueblo, de sólo 150 habitantes, donde varias casas han sido compradas por extranjeros que han decidido residir en un sitio tan evocador.

Barbastro

Llegamos a Barbastro justo a la hora de comer, lo que hicimos en una tranquila terraza de un restaurante en la parte antigua y por la tarde visitamos la catedral, gótica del siglo XVI, pero con la mala suerte de que estaba en obras y sólo pudimos "echar un vistazo" desde la puerta, apreciando la belleza de sus esbeltas columnas de 15 metros que soportan unas preciosas bóvedas de crucería.


El retablo también es una auténtica obra de arte, de madera y alabastro, obra de Damián Forment, el mismo maestro que hizo el retablo de la catedral de Huesca.

Adjunta a la catedral se halla la torre campanario, exenta de planta poligonal y posiblemente erigida sobre los cimientos del antiguo alminar, ya que la propia catedral se alza sobre la mezquita existente durante la ocupación musulmana.

Dimos un amplio paseo por la parte antigua, pasando junto a numerosos edificios históricos, entre otros el Centro Cultural Entrearcos, lugar en que nació San Josemaria Escrivá de Balaguer, el palacio de los hemanos Argensola, el palacio episcopal etc.

Camino de Huesca, al atardecer, subimos al Santuario de  El Pueyo, en la cima de una colina, desde el que se divisa una espléndida vista de la zona, donde viven unos pocos monjes claretianos. Es un gran edificio, pero no visitable, excepto la pequeña iglesia, de escaso valor artístico.

Angüés

Cerca de Huesca paramos un momento en el pueblo de Angüés, para ver un antiguo aljibe ó pozo de la época musulmana, que se anuncia en las guías de turismo, y que al anochecer, sin luz y con una reja de cierre, nos dejó con las ganas de verlo, salvo el exterior donde le han colocado una tejabana de protección.


Pero pudimos apreciar la amable acogida de los habitantes del pueblo, uno de los cuales nos acompañó hasta el aljibe y nos contó algunas cosas de su historia. Aprovechamos para ver la iglesia parroquial, cuya nave central es románica del siglo XII mientras que las laterales son del XVII, y nos llamó la atención las capillas laterales con cúpulas individuales, pero bastante deterioradas.

Castillo de Loarre

Esta era otra de las visitas clave programadas para este viaje: El famoso castillo de Loarre, a pocos kilómetros de Huesca, en las proximidades de la sierra del mismo nombre. Se dice que  es la fortaleza románica mejor conservada de Europa. Desde su posición se tiene un control sobre toda la llanura de la Hoya de Huesca y en particular sobre Bolea, principal plaza musulmana de la zona.


La vista exterior del castillo es impactante, por el buen estado de conservación de muros y torreones y la ausencia de todo vestigio de épocas modernas. Fue construido a principios del siglo XI por el rey Sancho III el Mayor de Navarra, anexionándolo a su reino y convirtiéndolo en baluarte defensivo frente al poder musulmán y, al parecer, fue erigido sobre las ruinas de la “Calagurris fibularia” romana. Posteriormente se añadió al castillo un componente religioso, con la fundación del monasterio de canónigos de San Agustín.

A partir del siglo XII Loarre inicia su declive, al avanzar la reconquista y quedar el castillo en una zona sin el valor estratégico que tenía cuando se construyó. Ello le ha permitido mantener su integridad en gran medida, al no participar en importantes actos de guerra. El Castillo de Loarre es bien de Interés Cultural y Monumento Nacional desde 1906, y está propuesto como patrimonio histórico de la humanidad.

El interior del castillo está totalmente desnudo; solo hay piedras y ningún tipo de mobiliario, rejas, ornamento de ningún tipo. Sólo unos pequeños carteles numerados para identificar los sitios explicados en la audio-guía. Esto produce en el visitante una cierta decepción, después del entusiasmo causado por la vista exterior. Pero, por otra parte, ello permite la ausencia de todo personal de control y vigilancia, lo que se traduce en un aumento de la sensación de vivir en el ambiente de otra época.

Totalmente fuera del recinto amurallado han construido un pequeño edificio de control y servicios y a unos pocos kilómetros se encuentra el pequeño pueblo actual de Loarre.
   
Bolea

Bajando de Loarre hacia Huesca pasamos por el pequeño pueblo de Bolea (580 h.), que fue una plaza importante en la época musulmana, de la que sólo se conservan algunos restos incorporados en la Colegiata de Santa María, del siglo XVI, a la que subimos después de comer en el pueblo y que no pudimos visitar, porque por las tardes está cerrada en esta época del año.

Otra vez será, pero nos quedamos bastante frustrados, por el imponente aspecto exterior del edificio y por la propaganda turística sobre su retablo de pinturas al temple.

Boltaña

Teníamos interés en ver la zona norte de Huesca, de la que sólo conocíamos Jaca, por lo que planeamos un viaje a Boltaña y Ainsa. Llegar a Boltaña fue bastante dificultoso, por la distancia y por haber tomado la carretera A 1604 con un recorrido de 51 Km de curvas y puertos hasta llegar a Boltaña, a una velocidad media ridícula. Debimos haber tomado la carretera paralela un poco más al norte. Lo único bueno de esta carretera fue la vista de los pirineos al llegar al cruce de Boltaña.

Boltaña es un pueblo importante (1.000 h) ubicado en el valle de Broto, en una ladera de un monte coronado por el Castillo de Boltaña, de origen árabe, hoy casi totalmente derruido, con una Iglesia parroquial, antigua Colegiata de San Pedro, de estilo románico, del siglo XII, remodelada en el siglo XVI. Es un típico pueblo de aire pirenaico y en las afueras han construido un hotel de lujo, sobre el antiguo  Monasterio del Carmen de Boltaña  del s. XVII. Lo visitamos en una rápida parada y apreciamos su diseño y decoración, y la urbanización de chalets construidos en su proximidad.

Aínsa

Este fué el final de nuestro periplo por Huesca. Aínsa remonta sus orígenes al año 724, fecha en la que el rey Garcí Ximénez, la reconquista del dominio musulmán.

El castillo, del siglo XI, formó parte de la línea de defensa de los territorios cristianos y fue el germen del nacimiento de la villa, que durante la Edad Media se amuralla.

Aínsa es una villa medieval que ha sido declarada Conjunto Histórico Artístico. Conserva casi totalmente las murallas que la rodeaban. Especial interés tienen el castillo, la iglesia, la plaza mayor y la cruz cubierta.



Después de comer en un restaurante de la Plaza Mayor (¡lástima que su calidad no fuera como la de su entorno!) dimos un paseo por el pueblo medieval, formado por la plaza y dos calles paralelas, y saboreando el ambiente de hace 10 siglos, casi sin nadie por la calle. La iglesia estaba cerrada, inconvenientes de hacer turismo fuera de épocas punta; no todo iban a ser ventajas.

Al volver hacia Huesca pasamos junto al santuario de Torreciudad, en un paisaje de gran belleza, junto al embalse de El Grado, pero era casi anochecido y no pudimos parar para visitarlo.

Final

Ya de noche llegamos a Huesca y tras un breve paseo para "estirar piernas" dimos por terminado nuestro viaje por esta provincia, que vimos con bastante amplitud, dentro de lo que dan de sí 3 días. Fue un viaje muy agradable, vimos lugares y monumentos extraordinarios, tratamos con gente muy amable y... esperamos volver.

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